Es loable poner la alarma del despertador temprano y despertarse. Dejarla por accidente un sábado, no. Eso fue lo que vino a mi cabeza esta mañana de cielo mojigato.

Resulta que no es sólo el cielo el que tiene nubes negras. Hoy hay nubarrones sobre todas nuestras terrazas.

Algunas cabezas encienden pequeños ventiladores que las disipan momentáneamente, otras intentan correr más rápido que esas masas opacas. El tema es que esas oscuras nubosidades nos persiguen con insistencia, más que los aburridos perros de barrio corriendo y ladrando tras los buses.

Las nubes tienen una severa carga de humedad y los pequeños ventiladores se funden. Pobres artefactos de aire soplado.

Correr tampoco ayuda, tarde o temprano te cansas. Es allí cuando la nube te alcanza.

Usuarios poco experimentados en nubosidades oscuras las alimentan sin ellos saberlo, las extienden y contagian. Vuelan entre ellas, con turbulencia.

Así que nada mejor que esperarla, en calma, dejar que haga lo suyo, te bañe con su sombra. Lloverá encima tuyo, de hecho, y tus pies se llenarán de barro.

Se paciente, ya pasará. A toda nube se la lleva un viento más grande que ella. A nosotros nada nos mueve; especialmente a las piedras como yo.

Pero bueno, todo eso ya lo sabemos bien quienes tenemos nuestras nubes amaestradas y sabemos mirar al cielo. Esperando.

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Nublado y con posibilidad de chubasco.

Dr. Absurdo

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