Hoy me pesa la vida.

Mi cabeza está latiendo y mi corazón está pensando.

Podría hablar de este sentir usando expresiones como: letargo, resaca, odio hacia la humanidad, o el intrínseco deseo de morir durante ocho míticas horas, para luego resucitar frente a la calle, el sol y las mujeres, y no ante mi amada/odiada macbook de 13″.

Los pastelitos caen bien con la leche fría; sirven, pero los azúcares y los lácteos no son mis mejores amigos. Debo reconocerles el mérito de reanimadores, más que prácticos y necesarios. Las facturas y masitas le hacen bien al alma de los pobres diablos y las leches frías apagan pequeños infiernos.

Mi conciencia me acusa por mi estado, patético e inflamado, cuando me asomo a la ventana y veo un magnífico cielo que me invita a salir y hacer como Andrés: a caminar solito, sentarme en un parque y fumar un porrito.

Lo percibo y declaro al mismo tiempo: me he cansado de ver la continua marcha de nuevos “héroes” autogenerados, a través de sus torpes medios. Sospecho que yo, en buena parte caigo en ese triste formato. Al menos aún no pretendo tener ni “fans” ni “seguidores”, me resultan aborrecibles esos términos aplicados de manera tan barata. Me escudo en mis deseos de expresarme y exorcisarme un par de veces a la semana mediante un generador de caracteres.

Por eso dedico mi palabra yanqui de la semana a los nuevos vecinos, aquellos con pequeños deseos de superación e insuperables delirios de grandeza: BULLSHIT.

Los azúcares hacen efecto.

Mi cabeza está respirando mejor y mi corazón odia menos.

Aprovecharé mi tiempo para encontrar maneras más inteligentes de perderlo, en esta fantasía que suelo llamar adolescencia extendida. Tan agridulce y efervescente.

Por ahora retomo mi búsqueda, me termino los pastelitos y la leche mientras hago algo muy similar a rezar para no delatarme como intolerante a lactosa.

Sí, se siente extraño esto de estar buscando el norte estando al sur.

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Ácidamente

Dr. Absurdo

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