Porque los miércoles eran de otro

y cada jueves llorabas por él.

El viernes lo buscabas entre vasos y baile.

Los sábados eran para maldecirlo.

Tus domingos lo perdonabas.

Para el lunes me empezabas a extrañar.

Y yo, cómo esperaba los martes.

.

Llegó un martes en donde todo se secó.

.

Entendí que podía tener mis miércoles

y jueves con quien yo quisiera.

Que los viernes te olvidaba entre vasos y baile,

y para los sábados me podían maldecir.

Que los domingos se hicieron para pedir perdón.

Aprendí a dejar que los lunes me extrañen,

y a dejarme encontrar cada martes.

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