En mi cama me encojo. Apenas si ocupo un decimoctavo del área del catrecito. Esquina superior izquierda, esa es mi ubicación. Donde me puedes encontrar, atrincherado. Desde allí disparo besos, suspiros y maldiciones.

Pienso en cosas tan grandes, que me vuelvo un liliputiense. Un resoplido de vecino se vuelve un ventarrón y el pasar de un camión es un terremoto. Es en ese rincón donde eres Dios y Diablo, vida y muerte, allí me encojo.

En ese cementerio y cuna despierto por las mañanas. Minimizado a veces, temerario otras. Siempre bajo las mismas condiciones climáticas: “se esperan cielos despejados y humedad en el ambiente”. Genérico, para no fallar.

Así que puedes llegar sin prisa. Yo voy a estar esperando tu vuelo, resguardando la pista, mirándote de lejos hasta que parezcas nube. Allí en la esquina superior izquierda del intento de cama, encogido, titilante, sin desaparecer.

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