A mi niña le gusta jugar conmigo.

Pasa su mano por mi boca y mi cara.

Estira mis labios –¡Mira esa jeta!– y ríe.

Cuando mi niña tiene fiebres, tiembla.

Busca mi mano, mi cobijo y mi calor.

Moja mi cama y empapa mi almohada.

Con su risa y llanto no me deja dormir.

No quiero hacerlo. No voy a perdérmelo.

¿Cómo voy a negarle una sonrisa?

Si es eso lo que me hace sonreír.

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