La mentira está presente en todo.

No hay cosa más cierta, que esa frase de Manu Chao: “Todo es mentira, la verdad”.

Desde el aire hasta la sangre, la palabra del señor y la cura para la vejez.

El beso correspondido, la eternidad del amor y todas las lágrimas que tocan suelo.

Resultan círculos interminables de nuestras acciones que nos despojan de verdad.

Porque la verdad es lo que nos jode, la verdad no es tolerable. Duele y se escurre con facilidad.

Las mentiras, por otra parte, aceitan todo. Todos consiguen lo que quieren y no hay penas.

“Miente, haz sonreír a un niño.”

“Miente y gana su amor.”

“Miente y alcanza la gloria.”

Frases que se lucirán en camisetas, serán tatuajes y estarán en las entradas de nuevas iglesias de avanzada.

Las nuevas generaciones buscarán la mentira como nuevo sistema de vida, civilizado y orientado al bien común.

Y la verdad, que quede allí, recluída entre papeles y andrajos. Condenada a no ser tocada o mirada por nadie.


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Levantando falso testimonio

Dr. Absurdo

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