Vengo del futuro.

Allá nadie muere, sólo los cerdos y unos pocos humanos. Los carnívoros son los más felices, hay sobre-abundancia y nadie los mira mal.

A los vegetarianos no les va tan bien. El exceso de carne y vegetales usualmente maquillados para ser objetos ornamentales, afecta lentamente a la cada vez menor facción de vegetarianos.

Así, uno a uno caen marchitos. Pero a quién le importa un comeplantas más o un comeplantas menos.

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La solución está en comer cerdo.

El no morir está en sus manos, estaría en sus bocas y en sus estómagos si quisieran.

En esos días sólo se puede comer cerdo o Felicidad Para Todos.

Muchos fieles a sus creencias, se niegan a comer porcinos y menos aún comida china con nombres cursis.

Felicidad para todos –dicen– el siguiente paso será comernos La Paz Mundial.

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El aire apesta a carne de cerdo en todas partes. Cerdo frito con cerveza, al tamarindo, en salsa agridulce, mantecas y chicharrones. Y una guerra civil se va llenando los pulmones de esos olores.

A mi corazón taponado de grasas algo le dice que esta será una plaga pasajera y con resultados drásticos.

Los marranos, luego de un tiempo se reirán de estas patrañas, tal como de la gripe porcina. La superplaga los empujará a evolucionar y se volverán seres de avanzada. Terminarán dominando el mundo junto a invencibles cucarachas y taimados delfines.

Y quedará establecido que a las tristes y tontas vacas sagradas ya nadie les rece más.

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Oink

Dr. Absurdo

 

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