Domingo

Los domingos son y no son mi día favorito.

Este resultaba de los que no. Por el rechazo, por la aceptación, por la distancia. Por todo.

Es el sentimiento de fracaso tan cerca y el disfraz de conciencia de no poder manejarlo.

Toca asumirlo y tratar de vivir con él. Y con todo, gente, tierra, penas, distancias, suyas, mías, realidad, fantasía.

Tarde y noche no doy más, soy un diablo de botella, la rompo y me mando a volar.

¿Para qué? Pues para nada.

Me voy a encerrar en otra botella esta noche, porque sí, porque nada más sirve para un carajo.

Pues nada endulza el rato, ni el vino, ni la panela, ni una puta sonrisa fingida de nadie.

Y yo no vine para esto.

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Lunes

Acá es cuando digo que soy feliz, porque quiero creer que es verdad.

No me concentro y me dedico a hacerme el pendejo evitando todo.

Evitativo.

Como la verga.

Haz algo y hazlo ya. Preferiblemente que sea despierto.

Asomo yo, asoma ella. Ella se va a quejar, yo me voy a quejar de ella.

Acá es donde debería hacerme el buena gente y el amigo.

Pues no.

Vete a la verga con tu amabilidad y condescendencia.

Sonrío.

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Martes

Los martes soy torpe y perezoso.

Desperté con frío y tarareando una canción que hablaba de un río y de un estero.

Debería ser otoño –pensé–. Que sea otoño porque quiero ver cómo lloran los árboles.

Pude recordar la vez que metí una hoja en mi bolsillo, estaba seca y en el piso. Linda era la hoja.

La llevé a casa, entusiasmado. La pondría en algún lugar, donde quedaría intacta para mí.

En la puerta de casa metí la mano al bolsillo buscándola y terminé hallando polvo.

A veces pasa así con la gente. Lo frágil y lo torpe no deberían ser amigos.

Por otros martes me cambiaban los ánimos, las ganas; me enredaba y tropezaba con mis propios cuentos.

Este en particular no.

Qué le vamos a hacer. No podemos repetirnos los martes, ni podemos conservar hojas secas en los bolsillos.

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Miércoles

Hoy me dedico a la actuación.

El papel de tipo desbocado por sus propias búsquedas y al que nada le importa más que él. Ese es mi rol favorito.

Donde cualquier otro rol que asome será secundario.

Ese papelito de antihéroe mediocre y egoísta; un casi villano magistralmente interpretado y que todos quieren al punto de odiar.

Es fácil mirar un cliché, un fantoche mal dibujado y sentir asco por él.

Al fantoche no le importa, es un dibujo que se mueve consciente de que van a verlo. Al ser odiado él gana.

Hay que saber guardarse en estuches errados de vez en cuando con tal de encajar. Es otra manera de ganar.

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—Es parte del show y el circo no va a parar, bebé—.

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Caen rosas sobre el escenario, pañuelos moqueados y lencería.

Se escuchan ovaciones de pie.

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Jueves

Hay que pensar.

Darle vueltas a una idea como si de revolcones en la cama se tratara. Sentirla crecer hasta sentirse preñado.

Las perras cuando paren sus camadas saben que hacer.

Si un cachorro morirá antes de abrir los ojos, ella lo sabe. Ni lo toca con el hocico, lo empuja lejos de ella y lo ignora para alimentar y ver crecer a los sanos.

No es mala madre, es sólo una perra.

Esta perra callejera tiene una camada diversa, porque quién sabe con cuánto animal se juntó por allí.

Estoy preñado de calle y me patea desde adentro.

Dilato.

Contracciones.

Parto.

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Viernes

El simpático de medias tintas asoma de nuevo.

Evoca sonrisas pasajeras, disfrazado de humo y bostezos.

Sacude las manos de manera aleatoria tratando de agarrar el aire con las manos, todo con tal de llenar vacíos con algo. Mientras tanto el resto lo confunde con saludos.

Es un colorido molino en la colina.

Encorva los labios y pela los dientes, levanta la mirada y es de esos afiches de perritos con corazones detrás.

Sólo le falta la frase cursi debajo para ser reproducido en masa y que lo compren en esquinas y bazares.

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“Se vive como se puede” dirá a sus pies, entre la ollita de oro y el principio del arcoíris.

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Al vacío nadie lo ve. El simpático medias tintas sale airoso, no lleno.

 

Sábado

Día de fantasmas, de abrazar y hablarle a muertos.

Le pongo su nombre a mi vaso esperando que me moje la garganta al igual que las mejillas.

Asoman sus manos, olor y sabores y me quedo con ellos.

Tengo toda una loma con sus recuerdos, y no puedo darle ni cuatro líneas.

Le doy cuatro lágrimas y dejo que se vaya.

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Gracias.

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Domingo

Welcome to shell.

Despiertas con la idea de edificios que se juntan, ventanas que se abren y una canción en francés.

¿O eran edificios franceses, ventanas que cantaban y aperturas muy cercanas?

Te devuelves a la nada y te encierras en ella. Ella te entiende, la haces tuya y se quedan juntos en la cama.

Quédate allí hasta reventar.

No. Debes comer algo.

Sal, compra unas cuantas mentiras y deja que se deshagan en tu lengua hasta que sepan a verdad.

Quieres más que esto.

Quieres dejar de ser invisible.

Quieres volverte un algarrobo para marzo.

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—¡Mira!

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Ya es lunes, esto ya pasó.

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