–Tenemos que hablar.

–De qué.

–Pues no sé. De algo tendríamos que hablar, ¿no crees?

–Empieza entonces.

–Podría empezar por las ganas que te tengo, pero sería redundar y detesto repetir las cosas.

.

Silencio.

.

–Quizás se trate de esto de no tenerte y no comenzar a entenderte. Esto de no tenerte y perderte al mismo tiempo.
O es esta pésima costumbre que tengo de acercarme a quienes están lejos de mí o a quienes se van a ir.

–¿Te molesta si fumo? –Ella no fuma, pero lo enciende, juega con el cigarrillo entre sus dedos y simula darle besos al humo.

–No, para nada. –Se rebusca en los bolsillos encontrando pelusas y tres moneditas.

–Estoy tratando de dejarlo.

–Entiendo. Yo apenas empiezo, por eso no tengo apuro.
Dime, ¿se supone que vienes o te vas?, ¿piensas aclararte o desvanecerte?
Porque yo ya estoy cansado de perseguir ideas borrosas y pretender que el no tener raíces me vuelve parte de un jardín colgante.

–Quizás un arbusto rodante.
Y sobre mí, todavía no sé.
¿Tú qué crees?

–Sobre ti no sé ni creo nada.
Ni siquiera eres como todas. Eres todas.
Y la culpa no es tuya. Soy yo quien se está convirtiendo en una sucesión de eventos idénticos y eso no me alegra en lo absoluto.
Detesto repetir las cosas.
Todo esto bien te lo podría decir en la cara, si existieras.
¿Existes?

.

Ella se ha borrado del todo. Él trata de dibujar su silueta con lo que queda del humo.

.

Anuncios