Me desperté solo y con esa absurda alegría por vivir.

Intento interactuar con mi entorno y no me dejo.

En realidad dejo que suceda a medias. Todo a medias, como siempre.

Media pizza, media taza de café con una medialuna. Media vida triste, ¿media vida alegre?

Me dejo embaucar a medias por sueños y aspiraciones y decido aborrecer los malditos deseos de superación.

Ahora me llama y me saca del trance.

Me maravilla y me contagia su locura, pero sólo a medias.

Me deja solo, pero la alegría por vivir ya no es tan absurda.

 

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