El vello intranquilo se levanta sacudiéndose.

Electrificado, alertando al poro que lo sostiene y a la vecindad de poros, folículos pilosos y epidermis aledaños.

Quien lo viera ahora y quien lo vio nacer como una pelusa indetectable, ahora lo nota. Lo siente levantarse, lo apoya y abraza la misma inquietud que origina su rebelión a vivir peinado sobre una rodilla.

Bravo vello, bravo dueño erizado.

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