Ella y él se gustan.

Se hacen los pendejos y se gustan. Y es lo primero lo que les sale mejor.

Porque resulta que ambos tienen diversas y ridículas excusas para no alargar la mano hacia el otro.
Están así el ex de ella y la ex de él, una hora y media de camino, la costumbre de gritarle a las paredes, el mirar dibujitos y el precio de la carne. Ah, y el frío o la humedad según la época del año.

Sin embargo esto no interrumpe las sonrisas entre ambos ni tampoco el escuchar y hacer el intento de entenderse.

Podría haber más, y aún así ambos escogen el “es lo que hay” como opción.

No están siendo cobardes, ni egoistas, ni idiotas. Apenas si son adultos responsables intentando aprovechar el presente, dejar de pensar en el futuro y superar el pasado.

Así que es posible que entre cada coqueteo involuntario, las lecturas erróneas del uno hacia el otro y la manía de andar esquivando las ganas, se acerquen más, se vuelvan amigos y se bañen en el calmo mar del platonismo.

Y que también con algo de suerte —lo digo con franqueza—, se den cuenta de que ya no están para hacerse más los pendejos.

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Good luck, pendejos.

Dr. Absurdo

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