La quiero, en mi cama, en mi mesa de noche, en la olla con sopa de letras y entre los platos de postre.

La quiero como lo indica el conejo en mi pecho, sin madriguera y tembloroso pidiendo descampado.

La quiero y quiero que le importe, que no se vaya y que no me muerda. O sí, pero en la boca y a traición.

Y la quiero porque sí, sin más pretextos, por el ánimo de dormir, porque lo dicta el cerrar de mis ojos.

 ❦

Anuncios