Parece que junté demasiadas soledades al mismo tiempo, conciliando las de todos y todo este encierro.

Estas soledades se rozaron y escaldaron. Hay que limarlas adoptando posturas nuevas, ideales frescos.

Me dispongo a sentarme, remendando certezas, para ver si me cabe el quizás. Los restos no me quedan.

Agarro esta bolsa de trapos, relleno mis monigotes y me pongo a jugar con ellos, que escuchan y bailan.

De estas verdades, mentiras, destierros y abandonos tejo un traje de harapos arrastrables llamado talvez.

Y mientras, sucede que me quedo seco, lleno, cansado y adormecido, alistándome para hacer de sastre.

Anuncios