Día 0 | Preaviso

Esta muerte es inminente.
Será parte de otra estadística insulsa sobre los muertos de un carnaval.

Día 1 | La víspera del muerto

Entre bailes y cucarachas se mueve esquivante.
Sesea y se arrastra, busca el calor.
Serpentea.
Es flauta, es música, es encanto.

Día 2 | Piñata

Sacudida a sacudida. Golpe a golpe.
Elevarse. Mirar al cielo y ser parte de eso.
Desparramar alegría y dulces sobre todo.
Estar limpio por dentro y feliz.

Día 3 | Pompas fúnebres

El luto que encubre una sonrisa asoma y distrae.
Las lloronas remojan en café sus reclamos al cielo.
Los demás entre aguardientes resbalan al ido.
Que está muerto, dicen. Y él ni por enterrado.

Día 4 | El entierro

Urna, cenizas, colillas, chapitas de cerveza y corchos sintéticos amigados.
Todos a la ronda del adiós y un talón de cuenta que nadie quiso pagar.
Una botella rota llora y el piso la consuela: Que se fue. Que vendrá otro.
Las servilletas no alcanzan para limpiar el enchastre, ni hacer grullas.

Día 5 | La fiesta de las colillas

Que fiesta sin muerto no es fiesta, rezan los números y el confeti.
Siete al primer día, veintiocho a los dos, noventa y cinco a los tres.
Al cuarto caen ceniza y lágrimas dejando surcos entre los hollines.
Un quinto de olvido, de muertos hechos, conteos y bailes. Es fiesta.

Anuncios