Desperté.
Luego de casi doce horas llenas de vacío, agotamiento mental, sueños de género thriller llenos de persecución, secuencias de acción y otros asuntos que prefiero olvidar, desperté.

Me arrastré fuera de la cama semidesnudo, fotofóbico y anhelante de realidades inexistentes mientras respiraba algo de aire frío.
Llené la pava y la puse al fuego, esperando el preciso momento para interrumpir su coito acalorado entre los 70 y 80 grados celsius y así poder abofetearme la somnolencia a punta de mate.

La pava se calentaba. Encendí la caja tonta para otro carrousel de idioteces matinales cortesía de la señal abierta y me estiré, haciendo crujir lo que no sé si eran huesos, tendones o mi fracturado relleno de monigote. Fue allí cuando en puntas de pie y los brazos señalando al cielo me sentí más liviano de lo habitual. Me interrumpieron los gritos del agua que ya empezaba a quejarse por el calor.

Un par de chorritos de agua a la yerba, un par de pasos al centro del living, un par de sorbos a la bombilla y descubrí las frías plantas de mis pies flotando a dos dedos del piso. Raro. Suelo percibir estas cosas al desplomarme sobre la cama mientras dizque duermo. Jamás con los ojos bien abiertos y el sol tocándome las piernas. Jamás estando de pie.

Así que me senté, pensando que era una ilusión, que seguía revolcándome en mi cama soñando otra escena de callejón. Y no, tampoco tocaba el asiento o el respaldo del sofá.

Ya pasará —pensé, mientras recargaba el mate y apuntaba la bombilla a mi boca.

En el baño el asunto fue un tanto más complicado. Noté que no solo levitaba, además de eso el chorro expelido con fuerza desde mi uretra se dispersaba como si meara una pared invisible delante mío.

Laputamadre —me dije— ahora de paso colaboro con el enchastre que ya es mi vida. Giré hacia el espejo y noté una luz irradiando mi periferia, como si tuviese reflectores apuntándome desde atrás, como esos santitos de iglesias, como si estuviese iluminado desde adentro.

Miré mis ojos, estaban en orden, miré mis poros, estaban bien. Miré incluso detrás mío y detrás de la cortina del baño esperando encontrar algun bromista, pero no.

Mierda.

Así que sigo aquí, sufriendo este desperfecto luminotécnico, desafiando a la gravedad e intentando escribir esto sin que suene esquizoide.

Para añadirme problemas en un rato salgo y no sé qué ponerme. Más les vale que no me juzguen si me ven flotar mal vestido por allí.

— ⎃ —

Flotante y luminoso.

Dr. Absurdo

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