Querido Papá Noel:

Entiendo que eres parte del imaginario colectivo aprovechado por la mercadotecnia, que la magia entre los dos se perdió a mediados de los 80 y, que en el excepcional caso de que existas, es algo tarde ya para enviarte misivas desde una plataforma social.

Y es por esa mínima rendija de esperanza en la que deseo que existas más allá de estrategias comerciales e imaginarios, por la que me arriesgo a pedirte algo, rompiendo este silencio de décadas que nos separa de manera irremediable.

Antes de seguir, te aseguro que en lo que va de este año fui un buen muchacho, solo descargué películas y series taquilleras que no se vean perjudicadas por la piratería; el 93.4% de las cosas que consumí este 2013 fueron legales, y casi no rompí corazones.

Esta vez dejo los deseos de no más hambre, guerras y desigualdad en el mundo y me vuelco sobre un petitorio realizable: ESTO.
Prometo encarecidamente no usarlo para aterrorizar señoras de bien y perritos de señoras de bien.

De no cumplir entenderé que talvez no fue la forma más adecuada de acercarme, que no hubo tiempo, o que en realidad las cosas irrealizables que antes solía pedirte realmente tienen la prioridad hoy, siempre y más allá de festividades sensibleras.

Por otro lado si llegas a cumplir, esto que talvez sea un pedido absurdo para el mundo, logre volverse una prueba tangible de que volver a creer en imágenes de la infancia tiene un valor más importante que el del plástico, los papeles de colores y las cosas brillantes.

Puedes servirte lo que encuentres en la nevera que algo no caducado habrá. Hidrátate, usa ropa fresca, no te vayas a cagar de calor.
Saludos al niño del pesebre, a los flacos que le llevaron regalos, al conejo de los huevos y al ratón robadientes ese.

Te dejo un por favor, un abrazo gordo y un gracias anticipado.

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Con mis cartas, brazos y el pecho abiertos.

Dr. Absurdo

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