Hoy confundo todo. Confundo el hambre con la pena, confundo el frío con las crisis existenciales de invierno. Y confundo los bolsillos rotos con el anhelo de un refugio hecho de tic-tacs sabor naranja.

Ante la duda mejor no salir, mejor quedarse a hablar con la pared o la cerradura. Mejor elaborar canciones sordas o silbar bajito marchas fúnebres. O será atender ese cerro de cosas que mejoraran mi vida a coste de tiempo.

Ja.

Mejor confundo a todos para creer que la solución es mi amiga y que la conozco tan bien como ella a mí. Y allí, en mi refugio de tic-tacs de naranja, trazo una nueva estrategia para el desahucio y la falta de fe.

 

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Dulce y desahuciado.
Dr. Absurdo.

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