Ya casi se cumple una docena de años desde que a mis manos llegó un pedazo de cartón blanco diciendo que ya podía ejercer en el negocio de las ideas. En esos días lo recibía con miedos, presión y ansias. Miedos de perder los dientes al primer mordisco, presión por ser aquello que en mi imaginario imberbe había soñado sin lograr, y ansias por conseguir lo que hasta entonces creía que era el éxito.
La vida me puso en el camino al diseño, oficio hermoso que me sostiene y fascina desde la honestidad de su abordaje. Luego vendrían las letras, con esa multiplicidad de universos que contiene cada palabra. Y qué fortuna encontrar esos tesoros en mi camino, junto a maestros, libros amigos, compañeros de ruta y una amplitud de mirada que me ayuda a crecer todos los días.
Alguna vez dije que haría esto de la publicidad hasta que yo me cansara de ella, o ella se cansara de mí.
Creo que en algún momento ambos nos cansamos el uno del otro.

Ya hace un tiempo que me aburre hacer publicidad, la que todos hacen, conocen y consumen, porque no funciona más y sostiene valores que no comparto. Quizás por eso la siga haciendo un tiempo más, porque algunas cosas todavía merecen ser contadas y es imperioso presentarlas al público. Quizás porque siento que puedo aportar a cambiar características negativas de ese oficio que alguna vez amé con todo mi cuerpo. Sin duda es un camino de subida hacia algo más grande.
Si algo entendí en este tiempo fue a adaptarme, a no vender humo y a respetar mis propias posturas. Así con cada paso descubrí que lo que disfruto en el fondo es contar historias y tocar a la gente de manera sensible o incendiarles la cabeza con una imagen, un cuento, hojas de papel o inmateriales piezas de tecnología.
Hoy casi doce años después, en otro país, con otras perspectivas y tres maletas en las que cabe mi vida, solo deseo que quienes celebren su día como publicitarios entiendan que el éxito no se traduce en premios, autos o títulos ostentosos. El éxito es eso que traes en las manos al momento de nacer, la pregunta es: ¿qué estás haciendo con él?

Ahora circula, aquí no hay nada que ver.

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Con la profundidad de un lodazal.
Dr. Absurdo

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