Hace un par de noches charlando entre amigos comunicadores rozamos por minutos la transición que vive esta Argentina en la que vivimos sin ser de aquí. Unos con dudas, otros con fe, ninguno con repudio.
Me quedó resonando de esa noche la frase de uno de nosotros: “Ojalá que las cosas mejoren para quienes hacemos comunicación, ojalá que sí”.
Hoy se me revuelve el estómago al leer este nada inocente listado publicado en La Nación, en donde se señala a gente por haber obtenido un subsidio para realizar su trabajo, muchos de ellos con la más alta calidad en contenido y técnica.

Se me revuelven las entrañas porque yo mismo, junto al equipo que trabaja conmigo, veíamos con esperanzas el apelar a un subsidio para generar más de este trabajo que no persigue lucro, sino el incentivar la interculturalidad y la difusión de talentos e iniciativas sociales independientes –de esos como tú/vos que haces cortos animados porque amas hacerlo, tu primo que tiene una banda de rock y escribe canciones o tu amiga, la que sale a darle comida a gente que vive en la calle.
Esas esperanzas de apelar al apoyo de un estado que no es mío, sencillamente las veo evaporarse. ¡Si persiguen a su gente más talentosa, ¿qué van a apoyar a quienes quedamos en el margen, a los que llegamos hace poco, a los que creemos en la libertad como modus operandi y objetivo de vida?!

Acá hay actores, directores, productores y sus trabajos señalados por su ideología y como una pérdida para el estado. Me pregunto cuánta habría sido la pérdida si esta gente no hubiese logrado tocar públicos con sus historias y las de otros, o si esas historias no pudiesen verse nunca más por la falta de espacios para ser exhibidas. Me pregunto de qué otra forma sería en un país en donde todo es blanco, negro y solo dos o tres puntos grises de por medio.
A mis amigos escritores, dramaturgos, directores, actores, productores y autores les dejo mi más profundo deseo de que jamás les quepa ninguna mordaza, que jamás dejen de hacer lo que aman y les da libertad.
Al resto: no coma enlatados ni ideas selladas al vacío, empacha y hace mal al corazón.

— ℞ —
Con el bozal partido en dos.

Dr. Absurdo

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