Sobre tic-tacs y desahucios.

Hoy confundo todo. Confundo el hambre con la pena, confundo el frío con las crisis existenciales de invierno. Y confundo los bolsillos rotos con el anhelo de un refugio hecho de tic-tacs sabor naranja.

Ante la duda mejor no salir, mejor quedarse a hablar con la pared o la cerradura. Mejor elaborar canciones sordas o silbar bajito marchas fúnebres. O será atender ese cerro de cosas que mejoraran mi vida a coste de tiempo.

Ja.

Mejor confundo a todos para creer que la solución es mi amiga y que la conozco tan bien como ella a mí. Y allí, en mi refugio de tic-tacs de naranja, trazo una nueva estrategia para el desahucio y la falta de fe.

 

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Dulce y desahuciado.
Dr. Absurdo.

A Don Gabriel

Hoy tuve la necesidad de escribirle unas líneas, de acordarme de usted dos días después de su muerte y a sabiendas que al tercero no irá usted a resucitar.

Talvez no se acuerde de mí. Una vez fui ese muchacho que se topó con usted por un mandado, que creyó entender sus ideas del amor, la soledad y en especial sobre la magia que tiene la vida —cosa que cada tanto olvido—, todo a través de una tapa dura y luego de alguna que otra página o frase suelta.

Seguramente tampoco sepa que yo lo esquivaba con vehemencia, por no quemarme las pestañas con sus palabras que ya me gustaban de antemano, por no querer enamorarme de manera reincidente de cada muchacha que usted describía en sus historias. Resulta que con esas historias suyas aprendí a idealizar a la mujer y ya sabe usted que esas cosas no llevan a nada bueno.

También entendí, gracias a usted, eso de los procesos inversos e inexplicables que están allí para el goce post impacto y que se cuecen y saben mejor con los años. Esos mismos años hicieron otra cosa en usted, en mí, en todos y en todo; quizás no nos añejaron tan bien como a sus palabras.

En los últimos días no me gustó verlo viejo, con poquitas luces y sin esa liviandad de cabeza que, según pude notar, lo caracterizaba. Será que el tiempo resulta un pésimo prestamista.

Le cuento una cosa, Don Gabriel, no tuve la oportunidad de conocer a mis abuelos. Beraldo murió monte adentro, a punta de machete por riñas de hombres de campo; mientras Roberto se fue apagando de a poco en sus largos silencios hasta que una vez se calló del todo. No tuve historias directas de sus bocas o de sus manos, y si algo aprendí de ellos o de su imagen, fue como negociar mis cosas y a no tragarme tanto las penas.

Hoy le confieso, con esta distancia en contra que ahora más que nunca tenemos, que hace un tiempo lo adopté como mi tercer abuelo, ese que tampoco pude conocer en persona, estrecharle la mano y compartir un tinto con algún chorrito de aguardiente.

No se ofenda usted por esto, se lo pido por favor, es la forma de admirarlo que tengo a mano, por esas ideas que supo compartirme y por todos los paisajes y muchachas hermosas que me presentó.

Sepa también que no celebro su muerte, sino su descanso, que ya no planeo esquivarlo más sino dedicarle cada tanto mis ojos a las cosas que escribió. El plan con esto último es estrechar su mano y compartir ese tinto cada vez que sea posible, así aprendo todo lo que pueda de usted, mi tercer abuelo.

Le mando un abrazo muy fuerte, de esos que logran abarcar la tierra y romper ataúdes.
Buen viaje y gracias por todo.

Carta Abierta a Papá Noel

Querido Papá Noel:

Entiendo que eres parte del imaginario colectivo aprovechado por la mercadotecnia, que la magia entre los dos se perdió a mediados de los 80 y, que en el excepcional caso de que existas, es algo tarde ya para enviarte misivas desde una plataforma social.

Y es por esa mínima rendija de esperanza en la que deseo que existas más allá de estrategias comerciales e imaginarios, por la que me arriesgo a pedirte algo, rompiendo este silencio de décadas que nos separa de manera irremediable.

Antes de seguir, te aseguro que en lo que va de este año fui un buen muchacho, solo descargué películas y series taquilleras que no se vean perjudicadas por la piratería; el 93.4% de las cosas que consumí este 2013 fueron legales, y casi no rompí corazones.

Esta vez dejo los deseos de no más hambre, guerras y desigualdad en el mundo y me vuelco sobre un petitorio realizable: ESTO.
Prometo encarecidamente no usarlo para aterrorizar señoras de bien y perritos de señoras de bien.

De no cumplir entenderé que talvez no fue la forma más adecuada de acercarme, que no hubo tiempo, o que en realidad las cosas irrealizables que antes solía pedirte realmente tienen la prioridad hoy, siempre y más allá de festividades sensibleras.

Por otro lado si llegas a cumplir, esto que talvez sea un pedido absurdo para el mundo, logre volverse una prueba tangible de que volver a creer en imágenes de la infancia tiene un valor más importante que el del plástico, los papeles de colores y las cosas brillantes.

Puedes servirte lo que encuentres en la nevera que algo no caducado habrá. Hidrátate, usa ropa fresca, no te vayas a cagar de calor.
Saludos al niño del pesebre, a los flacos que le llevaron regalos, al conejo de los huevos y al ratón robadientes ese.

Te dejo un por favor, un abrazo gordo y un gracias anticipado.

— ✉ —

Con mis cartas, brazos y el pecho abiertos.

Dr. Absurdo

Olor de verano

Acabo de recordar tu aroma a limonada y calor de verano, 

junto a la frescura que dejaste en las palmas de mis manos

y la mirada de cielo abierto, esa que abrazaba el pasto de mil parques.

 

Mi nariz algo entiende del olor de verano, aroma plantado;

sabe que es una mezcla de excursiones sin brújula ni rastros.

Aprendió a distinguir entre acampados peremnes y picnics a la deriva.

 

Pude aprender a viajar en el ajetreado lomo de tu perfume,

esquivando entre cometas a vientos que imitaban tu sonrisa.

Y tú, aprendiste a meterte en mis pulmones enseñándome a respirar.

 

Y persistes, haciendo casa y sepulcro a estas fosas nasales,

anclada en la fragancia de asuntos que casi no consigo tocar.

Como si me hicieras falta, como si esa falta me hiciera niño de vuelta.

 

Disfraces temporales

Hoy decidí ser la ventana cerrada tras la cortina. Tú serás el viento helado que se cola por mis rendijas.

Olvida los rayos de sol, las gotas entre la brisa, o las canciones ajenas. Nos reconoceríamos de entrada y de salida.

Bien podrías camuflarte de día martes, nuboso, y asomarte a mí alrededor de las nueve treinta, no antes. No después.

Como ventana cerrada prometo quedarme empañada. Sabes bien cómo son estas cosas y mi tendencia a humedecerme.

Como viento tendrás que esforzarte, mover de vez en cuando mi cortina, como si fuese una falda o algún vestido veraniego.

Piensa que no sé qué habrá del otro lado, las cortinas son algo densas y las ventanas no sabemos asomarnos. Tampoco es gran cosa ser ventana.

Aclaro de antemano que esto no es una invitación a pasar. Es una amenaza de temporal para que te coles en mí, para que veamos juntos el otro lado.

Así, si estás de acuerdo: pestañea una vez pensando en mí, pestañea otra vez pensando en el invierno, pestañea una última vez y deja todo atrás.

— ☔ —

Con ánimos de temporal.

Dr. Absurdo

Jueves Santo

Desperté.
Luego de casi doce horas llenas de vacío, agotamiento mental, sueños de género thriller llenos de persecución, secuencias de acción y otros asuntos que prefiero olvidar, desperté.

Me arrastré fuera de la cama semidesnudo, fotofóbico y anhelante de realidades inexistentes mientras respiraba algo de aire frío.
Llené la pava y la puse al fuego, esperando el preciso momento para interrumpir su coito acalorado entre los 70 y 80 grados celsius y así poder abofetearme la somnolencia a punta de mate.

La pava se calentaba. Encendí la caja tonta para otro carrousel de idioteces matinales cortesía de la señal abierta y me estiré, haciendo crujir lo que no sé si eran huesos, tendones o mi fracturado relleno de monigote. Fue allí cuando en puntas de pie y los brazos señalando al cielo me sentí más liviano de lo habitual. Me interrumpieron los gritos del agua que ya empezaba a quejarse por el calor.

Un par de chorritos de agua a la yerba, un par de pasos al centro del living, un par de sorbos a la bombilla y descubrí las frías plantas de mis pies flotando a dos dedos del piso. Raro. Suelo percibir estas cosas al desplomarme sobre la cama mientras dizque duermo. Jamás con los ojos bien abiertos y el sol tocándome las piernas. Jamás estando de pie.

Así que me senté, pensando que era una ilusión, que seguía revolcándome en mi cama soñando otra escena de callejón. Y no, tampoco tocaba el asiento o el respaldo del sofá.

Ya pasará —pensé, mientras recargaba el mate y apuntaba la bombilla a mi boca.

En el baño el asunto fue un tanto más complicado. Noté que no solo levitaba, además de eso el chorro expelido con fuerza desde mi uretra se dispersaba como si meara una pared invisible delante mío.

Laputamadre —me dije— ahora de paso colaboro con el enchastre que ya es mi vida. Giré hacia el espejo y noté una luz irradiando mi periferia, como si tuviese reflectores apuntándome desde atrás, como esos santitos de iglesias, como si estuviese iluminado desde adentro.

Miré mis ojos, estaban en orden, miré mis poros, estaban bien. Miré incluso detrás mío y detrás de la cortina del baño esperando encontrar algun bromista, pero no.

Mierda.

Así que sigo aquí, sufriendo este desperfecto luminotécnico, desafiando a la gravedad e intentando escribir esto sin que suene esquizoide.

Para añadirme problemas en un rato salgo y no sé qué ponerme. Más les vale que no me juzguen si me ven flotar mal vestido por allí.

— ⎃ —

Flotante y luminoso.

Dr. Absurdo

U Vs X

Empiezo a sentir que el servicio de atención al cliente de Speedy de Telefónica incita a la violencia en todo aquel que se atreva a contactarlo. Obviamente todo esto dentro de la etiqueta corporativa asentada en los imaginarios manuales de atención al cliente de Telefónica Argentina.

Esta etiqueta corporativa, de la que Telefónica hace gala, implica una actitud pasivo-agresiva comprometida con el malestar sistemático del usuario. Es así como paso a paso la limitada comunicación entre el usuario y el encargado de solucionar de forma remota sus problemas, se transforma en violencia corporativa solapada.

A continuación va un caso de manera ilustrativa:

El usuario, al que llamaremos U, hace uso de internet para su trabajo y vida cotidiana de manera constante.

U es un usuario “premium”, según se lo han mencionado una que otra vez quienes lo llaman a ofertar nuevos productos en su paquete de servicios. U también trata de pagar puntualmente sus cuentas, aunque cada vez está más incómodo por el mal servicio que viene recibiendo.

Al presentarse los primeros inconvenientes con su conexión a la red mundial de datos, U se contacta vía telefónica con un funcionario de atención al cliente que representa a la empresa que contrató para acceder a internet, este funcionario será llamado X.

Al llamar, U proporciona sus datos de contacto y especifica su relación con el servicio de internet contratado, así como su problema con dicho servicio. Esto deberá ser repetido cuantas veces sea necesario y demandado por la empresa que representa X junto con toda la explicación del inconveniente. A U le preocupa que su caso no sea seguido de la manera adecuada, que cada funcionario X que lo atienda no tenga acceso al historial de reclamos que ha realizado, y aunque esto empezó a irritarle, repite con detalles su historia en cada llamada.

El caso: Problemas que van desde intermitencia en la conexión a internet, hasta la desconexión total del servicio de forma súbita durante más de un mes. (En realidad el problema se suscitó hacia meses atrás, pero recordemos que este es un ejemplo ilustrativo).

En un aparente ánimo por solucionar el inconveniente, X solicita la información pertinente: número de serie del equipo, formas de conexión, cantidad de dispositivos conectados a la red y horarios en los que se produce la molestia indicada. Recordemos que esta situación será repetida en cada llamada que U realice a Servicios al Cliente para contactarse con X, Y, Z y todas las demás letras del alfabeto que se sumarán a las interminables llamadas de reclamo que U tenga que hacer debido al inconveniente.

La situación planteada previamente sugiere el siguiente ejercicio:

Ejercicio 1A:

Una vez que se producido el contacto entre U y X:

¿Cuánto tiempo tardará U en espera para que su problema sea solucionado por X?

Tome en cuenta que X carece de perspectiva sobre la cada vez menor paciencia y deseos de lidiar con las repetidas frustraciones que ofrecen X y sus colegas.

Tome en cuenta que X y sus colegas representan a una empresa que ofrece servicios de tipo “premium”.

Respuesta:

El tiempo que a U le tome explotar más allá del contacto telefónico y lleve su grito impaciente a las redes sociales.

De esta forma U, cansado de la repetición de discursos, plétora de soluciones parche, envíos de técnicos fantasmas, llamadas automatizadas, lucecitas intermitentes y desconexiones que perjudican a su reloj, hígado y bolsillo, se decide a explotar ante sus miles de contactos en las redes sociales.

¡Oh sorpresa para U, al conocer a una nueva X que asoma a la ecuación para ofrecerse valientemente a encarar su impaciencia! A esta nueva X la llamaremos “@X”.

Es así como @X ofrece la misma petición de datos que sus otros colegas han recopilado, pasa por alto normas básicas de manejo de redes sociales y pide respuestas en privado sin tomar en cuenta que el acceso de U hacia @X es limitado.

El inquieto U pasa sus datos en público y a la vista de al menos seis mil usuarios de su red de contactos —a estas alturas ya nada tiene sentido— y se pone cómodo a esperar, a sabiendas de que ya no hay marcha atrás en su decisión y que, aunque le represente más líos, cancelará los servicios de la empresa que X y @X representan.

Al parecer las quejas ante miles de usuarios potenciales que comparten las mismas redes sociales de U, vuelven su queja digna de tratamiento “premium”. Cómo no.

¿FIN?

Epílogo

Tenemos en consideración que tanto X como @X son personas, merecen respeto y deben respeto a quienes buscan su asesoría. Entendemos que los procesos toman tiempo y mejorar los sistemas de atención al cliente también conllevan mucho esfuerzo.

Eso sí, poco sabemos de la espera, hipotética o no, de U —que en realidad soy yo— y menos de la efectividad en la solución que vayan a ofrecer @X, X, Y, Z o cualquiera de las otras letras, —que en realidad son representantes de Speedy de Telefónica en las áreas de atención al cliente y servicio técnico—.

Sí sabemos que U está harto y que de persistir su desconexión va a cancelar la suscripción que le genera tantas molestias.

Sabemos también que U no está solo, que hay otros U, algunas A, E, I y otras letras que también se hartan de a poco. Letras que empiezan a tomar conciencia de que sin ellas esas empresas de las que reciben mal servicio tendrán unos cuantos centavos menos, que si emiten sus quejas en los diversos canales a los que tienen acceso pueden generar una reacción ante el resto, y quizás ante las mismas empresas que abusan de ellos.

Otra cosa que sabemos es que luego de quejarse repetidamente vienen las turbas iracundas y las trifulcas. —Esta parte en particular me divierte cuando la imagino de forma apocalíptica y cinematográfica—.

Tal como U no soy partidario de los reclamos violentos, pero si yo fuese una empresa como Speedy de Telefónica Argentina no trataría de despertar al incendiario que puede estar dormido dentro de cualquiera de sus mal atendidos clientes.

N. de U.

Para cuando hice público este post, usando mi problemática conexión, recibí una llamada del servicio automatizado de Speedy de Telefónica consultándome si el problema estaba resuelto. Aparéntemente mi conexión ya está estable. Pero quien sabe, por allí se desestabiliza, como nos suele pasar a todos.

— ⋯ —

De manera intermitente.

Dr. Absurdo

Torpe

Tiras la pipa y piensas en por qué no tienes una mesita de centro adecuada para tu pequeño living, así de paso te deshaces de ese animal muerto que se parece a una alfombra y que reposa junto al sofa, reemplazándola por una de esas con pelusas largas y acariciables, una que invite al revolcón y que no lastime las rodillas de las amigables dueñas de boquitas alegres que te visitan.
Y mientras eso no sucede, recoges la ceniza del piso e intentas recargar tu pipa, pensando en la máquina sexual que eres y que de nada serviría la mesita de centro sino para interrumpirte en tus sesiones de sudor y carne.

Así que nada, mejor olvídate de la mesa, deja de ser torpe, busca otra porno y sigue fumando.

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Abecedario de lo incompartible

A

Almohadas de plumas.

B

Besos sin pretexto.

C

Caricias disimuladas.

D

Distancias.

E

Esperanzas ingenuas.

F

Felicidad porque sí.

G

Golosinas caseras.

H

Habitaciones eternas.

I

Imsomnio confidente.

J

Juicios entre ambos.

K

Kilometraje.

L

Lamidas en el cuello.

Ll

Llamadas infinitas.

M

Miedo de perdernos.

N

Nubes de formas variadas.

Ñ

Ñoquis del 29.

O

Oraciones a medias.

P

Prejuicios.

Q

Qués, cuándos y por qués.

R

Reproches.

S

Sudores a mitad de la noche.

T

Truenos que desembocan en abrazos.

U

Unanimidad de voto.

V

Visitas con aire de vacaciones.

W

WC, bidé, ducha y tina de baño.

X

X cantidad de lágrimas.

Y

Yuyos para el mate.

Z

Zaguanes y callejones.

 — ℞ —

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